Ejemplos de solidaridad para hoy

Por: Ignacio Ducasse Medina. Arzobispo de la Arquidiócesis de Antofagasta y Gran Canciller de la Universidad Católica del Norte.

En agosto, el mes de la Solidaridad, recordamos a dos grandes figuras de ella en nuestro tiempo. Una mujer y un hombre. Ella albanesa, él chileno: Teresa de Calcuta y Alberto Hurtado.

El 26 de agosto se cumplen 111 años del nacimiento de Agnes Gonxha Bojanxiu, en Skopje, Albania, más conocida entre nosotros como Madre Teresa de Calcuta, la apóstol de los pobres entre los pobres.

Madre Teresa en el año 1928 ingresa en las Hermanas de Nuestra Señora de Loreto. Al año siguiente es destinada a Calcuta (India), donde vive dedicada a la enseñanza, hasta que en 1946 recibe la inspiración de dedicarse a los pobres más pobres. Así abre una escuela en los suburbios al aire libre y luego funda en el año 1950 la Congregación de las Hermanas Misioneras de la Caridad para dedicarse a atender a los pobres más pobres. Ella anima a sus compañeras con una entrega que despierta la admiración del mundo entero y surgen numerosas peticiones para que su Congregación abra otras casas, tanto en la misma India como en otros Continentes.

Alberto Hurtado Cruchaga, nace en el año 1901 y en el 1923 ingresa a la Compañía de Jesús y es ordenado sacerdote en el año 1933. De sólida formación intelectual, abogado y doctor en pedagogía, profesor y director espiritual. Fundador de la revista Mensaje y del Hogar de Cristo.

Dos personas muy distintas, pero al mismo tiempo muy iguales. Ambos apóstoles supieron unir su amor apasionado por Cristo con un profundo amor por los pobres, “patroncitos” para él, “tesoros” para ella. Para Alberto “amar a Cristo era servirle en todo su cuerpo” y para Teresa su “vocación era pertenecer a Cristo”.

Madre Teresa, mujer de Dios, impresionaba con su frágil contextura física y su férrea voluntad, alegre y ligera a pesar de la mole de problemas y dramas humanos que había a su alrededor. Padre Hurtado, hombre de Dios, de personalidad fuerte y recia, amable y alegre a pesar de las dificultades y dolores, propios y ajenos. Ella vivió 87 años y él vivió solo 51 años.

Ambos fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II, él en el año 1994 y ella en el 2003. Alberto siguió subiendo por los altares, hasta ser canonizado en el año 2005. Teresa debió esperar hasta el 2016. Ambos estimulan, a creyentes y no creyentes, a vivir una vida de solidaridad y de servicio a los necesitados sin ideologías ni discriminaciones; a los cristianos a llevar una vida de discípulos misioneros, amantes del Señor Jesús y de los suyos, de los pobres. Él y ella hicieron florecer una gran obra en virtud de su amor a Cristo y a los hermanos.

En medio de la pandemia y sus consecuencias, nos hace bien recordar a personas cercanas que han vivido una vida de fidelidad a su vocación y servicio a los más débiles. Solidarizar con personajes de corazón amplio, como los que hemos recordado, no es solo admirarles, sino, sobre todo, estimularse para servir con generosidad y alegría a quienes hoy tenemos a nuestro lado y nos necesitan.

Este mes de la solidaridad instaurado en Chile sea para dar un fuerte impulso a esa obra de amor y redescubrir el anuncio del mensaje de Jesús hecho no con palabras sino con obras.