De la perplejidad a la esperanza: deseando el camino andado

El episodio de los discípulos de Emaús nos puede abrir a opciones de discernimiento frente a la actual crisis eclesial.
Jorge Ramírez S.J. Director Nacional de la Red Nacional de Oración del Papa

 

Hay momentos en la visa en que el único modo de avanzar es desandando el camino andado…Así le ocurrió a los discipulos de Emaús, como nos lo refiere el evangelio según San Lucas (Lc 24, 13-35). Este relato nos ofrece una serie de criterios de discernimiento, que brotan de la persona de Jesús y que nos pueden ayudar en este difícil trance eclesial.

Vayamos al texto. Este nos  presenta un par de discípulos que abandonan la comunidad de Jerusalén (v. 13), desilusionados después de haber contemplado la muerte ignominiosa de su Maestro (v.20) y de ver derrumbarse sus esperanzas (v. 21); es por eso que la tristeza los domina (v. 17) y el desconcierto (v. 22) . Así también, con sus más y sus menos,  este podría ser el cuadro que describiera el estado anímico de muchos católicos en el Chile de hoy: desesperanza, dolor, confusión…

Es en ese contexto de crisis existencial y de fe, Jesús Resucitado se acerca y se pone a caminar con sus discípulos (v. 15). No solo eso: les ayuda además a no quedarse rumiando la desolación,al iniciar con ellos un diálogo que les permita sacar fuera el dolor que les impide reconocer a Jesús (v. 16). Es un primer elemento como criterio de discernimiento: acercarnos al que sufre, empatizar con su dolor.

NO QUEDAR ATRAPADOS EN EL DOLOR  

Pero el Resucitado da un paso más. Y ayuda a procesar lo vivido, a entender en profundidad el misterio de dolor para no quedar atrapados en él, sino ser capaces de ir más allá y entrar en el misterio de la cruz (vv. 25-27). He aquí un segundo elemento propuesto como criterio de discernimiento: sin una mirada de fe profunda será imposible salir del atolladero en el que nos encontramos. Solo volviendo nuestros ojos a Jesús muerto y resucitado, podremos abrirnos a la salvación ofrecida por el Mesías (v. 26).

Aún eso no basta. Falta de nuestra parte el ruego insistente del v. 29: ¡Quédate con nosotros!. Aquí aparece el tercer elemento para nuestro discernimiento: si no ponemos a Jesús en el centro…volverán las sombras a adueñarse de nuestra vida eclesial y personal. Si Jesús no ocupa ese lugar central, nuestra existencia estará desenfocada e irremediablemente erraremos, una y otra vez.

Otro paso más. L centralidad de Jesús se expresa en la centralidad de la Eucaristía. El v. 30 es sin duda un relato eucarístico, que retoma en forma explicita los verbos y acciones propias de Jesús en la Ultima Cena: toma el pan, pronuncia la acción de gracias, lo parte y se los da a sus discípulos. Es allí, en la fracción del pan (v. 35), donde Jesús se hace plenamente reconocible para sus extraviados discípulos: Entonces los ojos de ellos se abrieron y lo reconocieron (v. 31). Un cuarto elemento a considerar es, pues, el reproducir en nosotros ese “modo eucarístico” de vivir que tenía Jesús; es decir, vivir dándose a los demás, partiéndose y repartiéndose a otros en la donación generosa de sí, como acción de gracias a Dios.

Finalmente, el quinto criterio de discernimiento para este tiempo de crisis en nuestra iglesia es ese impulso misionero, ese ímpetu que lleva a este par de discípulos a ponerse en pie y -desafiando las tinieblas- partir a toda prisa de regreso a Jerusalén, reinsertándose en seno de la comunidad apostólica (v. 33), que encabeza Simón, a quien también se le ha apreciado el Señor (v. 34).

En definitiva: hay momentos en la vida en que el único modo de avanzar es desandando el camino andado… No para recomenzar desde cero, si no para recomenzar desde Cristo Resucitado. MSJ