Compromiso, solidaridad y empatía en la crisis

Por: Pbro. Daniel Álvarez, Asesor de la Dirección General de Pastoral y Cultura Cristiana de la Universidad Católica del Norte.

“Todo tiempo pasado fue mejor”. Frente al pesimismo y a la nostalgia que se puede tener de épocas anteriores, se hace acertado como contra respuesta una famosa frase de Jean Paul Sartre que siempre posible actualizar: «No perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro». Que tiempo más hermoso, nos ha tocado vivir, un tiempo de crisis, un tiempo de discernimiento. Precisamente ese es el sentido de la palabra crisis. A veces nos asusta y pensamos que todo está mal y no hay solución, pero basta simplemente recordar que el valor del oro se prueba en el fuego[1] y nuestra caridad se prueba en este tiempo que lo reclama a gritos.

Este tiempo es hermoso porque puede sacar lo mejor de cada uno de nosotros. Se nos da la posibilidad de encarnar virtudes y características que nos hacen más humanos, porque responden a nuestra naturaleza. Hoy es tiempo de renovar nuestra promesa, nuestro pacto y obligación con el otro, ya que la única deuda que debe existir entre nosotros es la del amor (cf. Rm 13,8) Deuda que permite vivir más unidos, dando así un significado más profundo a la solidaridad. Pasamos de un concepto de sólido con valor de cohesión entre las partes, a un valor humano de ser uno con el otro, eso es ser solidario, ser sólido. Especialmente, ser uno en el dolor, en el sufrimiento “ajeno”, compartir el “páthos” del otro es lo que logra que uno pueda ser empático, ser más humano, ser menos egoísta. Que este tiempo de crisis, de purificación no se nos pase “volando” sino que podamos ser conscientes de la época que vivimos y podamos aprovecharla para sacar lo mejor de nosotros, especialmente en el compromiso, la solidaridad y empatía con los demás.


[1] “El crisol es para la plata y el horno para el oro, pero el Señor prueba los corazones” (Proverbios 17,3)